martes, 18 de diciembre de 2012



UN MINISTRO PERFORMANCE
Ante todo quiero dar las gracias a la Baronesa de Canillamenuda por el menú que nos ha dado contra la crisis. Voy a seguir sus consejos al pie de la letra, en mi trabajo también han tomado buena nota. Ya me lo decía mi padre: Maravillas, se aprende más de los ricos que de los pobres. Ahora comprendo sus palabras. Me ha dicho la señora Baronesa que en su próximo artículo nos dará ideas para los regalos de Reyes. Ardo en deseos de saber cómo se las ingenia la de Canillamenuda para hacer regalos sin un euro.
Estoy desolada, he perdido la porra del recibo de la luz. La ha ganado el vegano, lo sabía. Los herbívoros son peligrosos, encima éste es de los que ayuna. Eso de llevar el hambre por alimento debe ser hasta saludable. Un compañero se ha cabreado de lo lindo por darle el premio a este hombre que será vegano; pero aquí se pega unos atracones… Viéndolo nadie pensaría que ayuna. Bueno esto es demostrable, pues se ha llegado a tragar un palillo: será antitaurino pero las banderillas le van que no veas. De todas formas seguiré con mi hornillo en la terraza, ya que ahorro en el recibo de la luz. Desde que llegó la crisis he condenado el horno al ostracismo, consume mucho.
En la sección nos seguimos riendo de las transformaciones de Montoro que hace nuestro compañero con el fotoshop: lo mismo nos lo trae de Tío Gilito contando millones y trillones que de Elfo Doméstico de Harry Potter. Y ahí estamos todos, dándole un calcetín al elfo para liberarnos de él; pero ni flores… Pero a mí la caracterización que más me ha gustado ha sido la de Gollum con mi tesoro. Y es que la cabeza de Montoro da para una transformación en condiciones de Gollum; desde que está en el cargo de ministro se le está recubriendo la calva de una extraña pelusilla y este detalle capilar le acerca más al personaje fantástico de Tolkien. ¡No había caído! Lo mismo se está sometiendo al mismo tratamiento capilar de José Bono. Le han dado una nueva idea en el departamento y mañana lo va a traer convertido en Hormiga Atómica: ¡Contra el fraude Montoro atómico! Nos hemos fijado también que Montoro es un elfo presumido, de hecho le hemos pillado que imita el look de Durán i Lleida, diputado con fama de ser un tío elegante. Mira tú por dónde… Cristóbal se presume con las gafas y las corbatas, lo mismo que hace Durán i Lleida. A última hora ha llegado una compañera con una foto de los Chiripitiflauticos y nos ha preguntado: ¿A quién os recuerda el Tío Aquiles? Hemos contestado al unísono: ¡A Montoro! Supongo que habrá mucha gente que por la edad no se acordara de este personaje. No es un problema, se consulta al oráculo Google y verán la foto del Tío Aquíles.
Montoro nos pone, pero al que no soportamos es al Secretario Beteta; Beteta tiene el perfil clásico del cacique dueño de vidas y haciendas. ¿Se acuerdan cuándo hablo aquello de que a los funcionarios se nos iba a acabar el cafecito? Ahora hemos dejado de tomarlo en el bar; pero no sólo por sus  palabras, sino por habernos quitado la paga extra. Esto de la crisis es una cadena, porque ahora el dueño del bar al que solíamos ir a tomar café les ha cogido manía a estos dos personajes de la Función Pública.
Hoy en el departamento hemos brindado con cava no catalán; pero no por la Navidad sino porque ya sólo nos quedan tres años para que desaparezca el bipartidismo en este país. A la marcha de recortes que lleva el Partido Popular va derechito a la extinción.

domingo, 16 de diciembre de 2012

En la Trasnochada
Por María Jesús Mayoral Roche


HOMENAJE A GLEN CAMPBELL
 

El video de YouTube tiene escasa calidad; pero la plantilla de Blogger no me deja colgar otro. Os dejo este enlace en el que podréis ver el video completo con mejor calidad:

En Villamayor de Gállego, 16 de diciembre de 2012
En esta Trasnochada voy a contar la película que me monté allá por el mes de febrero viendo un vídeo de los premios Grammys. Esto de estar doblegada por la gripe, la fiebre y el aburrimiento, me hizo estar receptiva a cuantas noticias circularon por la Red. De tanto ir y venir por periódicos y revistas, finalmente, di con un video musical. Sinceramente no conocía a ninguno de los cantantes, ni siquiera sabía quién era el homenajeado, Glen Campbell. Reconozco que soy una inculta en cuestiones musicales. Lo cierto es que el vídeo me encantó, quizá porque los cantantes me parecieron unos profesionales de primera, de esos que han estudiado música y saben tocar. Sin embargo la primera apreciación que tuve al ver el vídeo fue que Glen Campbell era un hombre con problemas en el escenario, aunque a simple vista no daba esa sensación. Esto de estar en Red me hizo curiosear sobre su carrera profesional y lo cierto es que no tenía desperdicio. Campbell había sido chico suplente en los Beach Boys, hizo importantes colaboraciones con Elvis Presley, Frank Sinatra, Dean Martin y fue ganador del premio Grammy en varias ocasiones, siendo el único en haber ganado dicho premio en dos categorías diferentes. Glen Campbell vivió su época de mayor esplendor en los años setenta. Después estaba la otra cara de la moneda, su vida. Una vida un tanto azorada en cuestiones sentimentales y luego su coqueteo con las drogas y el alcohol.
Pero viendo el vídeo que os he dejado en la cabecera, pensaba que algo pasaba en aquella actuación, había algo que no me cuadraba. Finalmente me metí a traducir las páginas americanas de Google y entonces supe lo que pasaba. Glen Campbell se retiraba de la música porque le habían diagnosticado alzheimer hacía ya un tiempo; ese era el problema que tenía Glen Campbell en el escenario y por eso durante el tiempo que duró su actuación el público permaneció en pie, expectante y algunos de sus más allegados la siguieron con cierta preocupación. Al final todo salió bien, aparentemente. Porque al parecer a Campbell se le olvidó o cambió parte de la letra de la canción. Seguí buscando en Internet y pude conocer algunos de esos rostros expectantes que seguían los pasos de Glen Campbell en el escenario. Entre ese público estaba su esposa, la esposa de Blake Shelton, Lady Gaga, Paul McCartney junto a su esposa; en el escenario estuvieron en todo momento pendientes de él, su hija, una joven de melena rubia que tocaba el banyo y por supuesto Blake Shelton y el grupo The Band Perry; la actuación de ambos interpretando dos canciones de Campbell fue estelar. A eso hay que añadir el estilo gringo en esto de montar espectáculos: las voces negras del coro, la naturalidad de los músicos y el telón de fondo con las fotografías en sepia del mito.
Y esta es la historia que me monté yo sola, después de ver el video varias veces y de indagar sobre la vida de Glen Campbell:
La actuación tendrá una duración de siete minutos y quince segundos, las estrellas del country contarán con dos minutos de gloria sobre el escenario; cuando la chica termine de cantar Gentle on My Mind presentará a Blake y éste a su vez dará paso a la Leyenda. El resto será historia.
Y si se ha creído la rellenita inglesa de voz prodigiosa que va a levantar el auditorio, nosotros somos USA y será Glen quien enardezca al auditorio. Procurad que Glen se encuentre arropado, diles a los chicos que permanezcan atentos, con aire de normalidad ante cualquier anomalía que pueda alterar la actuación del mito. En caso de una fatalidad escénica que se incorporen ellos a la canción. El resto, ya digo, pasará a la historia de la música y nosotros tendremos el documento.
Me monté esta historia porque planear este homenaje no pudo ser fácil, al menos eso creo. Atreverse a planificar una actuación con un enfermo de alzheimer va para nota; pero controlarlo todo, dar la sensación de naturalidad y encima salir perfecto en tiempo y emoción, eso sólo es posible en USA. Y pensé en la persona o personas que hicieron posible este prodigio
Y aunque Adele fue la gran ganadora de aquella noche y cautivó al público; la ovación y la emoción la puso sin duda alguna Glen Campbel. El viejo dinosaurio del country fue el que consiguió poner en pie a todo el auditorio y de tenerlo en vilo hasta el final.

jueves, 13 de diciembre de 2012


INVIERNO
Por María Jesús Mayoral Roche



           
           Se acercaba a pasitos cortos el invierno, frío, plúmbeo, nebuloso, con las oscuras tardes iluminadas por la escasa y amarillenta luz de las farolas del Paseo, con los desnudos y rígidos árboles de aspecto fantasmagórico a la sombra de esta iluminación tenue.
            Nosotras ya estábamos equipadas para el invierno con los abrigos ingleses azul marino. A pesar del frío la vendedora de caramelos permanecía en su esquina, sentada junto a la cesta de mimbre rutilante por el celofán de las bolsitas de pipas y chupadores de colores. Todavía recuerdo la cara de aquella pobre mujer con la tez pálida atenazada por el frío y sus ojitos llorosos que parecían implorar misericordia; su trémula voz despertaba la compasión de su clientela infantil. La levedad de su sonrisa llegaba a ser más una mueca de fastidio que de agradecimiento, debido a la escasez de sus dientes. Almudena y yo siempre le comprábamos lo mismo, unos regalices.
            Se aproximaban las Navidades y había que ir haciendo los preparativos propios de estas fiestas. El Paseo de Ruiseñores engalanó las desnudas ramas de sus árboles con bombillas de colores, este toque luminoso alegraba el paisaje invernal. Almudena y yo nunca teníamos frío, íbamos todo el camino hasta casa corriendo y chupando regaliz.
            ¡Cómo me gustaba imitar a los mayores! Uno de mis entretenimientos favoritos era ponerme la mantilla de mi tía, sus zapatos de tacón y coger un bolso viejo de charol. Mi tía se reía al verme con aquella facha de niña disfrazada de señora. Todos los días escuchábamos en la radio el serial "Matilde, Perico y Periquín", el travieso de Periquín siempre salía mal parado de sus correrías.
            Por Navidad nos reuníamos toda la familia en la gran casa de mis padres. Al levantarme por las mañanas, lo primero que hacía era mirar por el enorme ventanal del balcón de mi habitación; los cristales estaban empañados y los tejados de las casas con sus humeantes chimeneas aparecían cubiertos por un fino manto albo. Mi habitación era como un carámbano. Cuando subía mi madre me pillaba descalza mirando por el cristal, me cubría con una manta, me bajaba en brazos al salón y me sentaba en un sillón junto a la chimenea. Envuelta en la manta y sentada en aquel sillón de alto respaldo tapizado en yute, me sentía como una princesita prisionera en el trono de un gigante.
            Tía Laura me presentaba en una bandeja un tazón de leche y un plato con magdalenas; al ver lo que se me avecinaba ponía expresión de desgana. Mi tía muy alegre, me decía:
            - ¡Irene vamos a jugar a soldaditos!
            El juego consistía en desmenuzar la magdalena a trocitos simulando un pequeño frente, que debía comerme sin rechistar si quería ganar la batalla. Como recompensa a mi triunfo me cantaba la canción del reloj, mientras tarareaba el estribillo que decía tic-tac, tic-tac, me señalaba el reloj de pared con el dedo.
            Hacía frío y no me dejaban salir al jardín a jugar, así que me iba a la cocina con la tata María y su marido Félix. María andaba siempre atareada en todo tipo de faenas, para entretenerme me sacaba una vieja cesta de mimbre llena de juguetes antiguos, que contenía botijitos de porcelana y lecheras de mayólica. Cuando María se descuidaba, arrastraba sigilosamente una silla hasta la alacena y me subía a ella para poder alcanzar de los anaqueles, los saleros y palilleros que tanto me gustaban. María siempre me sorprendía en plena travesura.
            También me entretenía al lado de Félix, sentada en un tajuelo mirando como sus manos nudosas rallaban las mazorcas de maíz haciendo saltar los granos de maíz que caían acompasados en una capacha de esparto.

De mi novela Los Castaños de Indias (Edición agotada)
           

miércoles, 12 de diciembre de 2012


MIÉRCOLES DE CINE
Por María Jesús Mayoral Roche



Género: Comedia
Director: Daniel Cohen
Intérpretes: Bun-hay Mean, Issa Doumbia, Jean Reno, Julien Boisselier, Michaël Youn, Pierre Vernier, Raphaëlle Agogué, Salomé Stévenin, Santiago Segura y Serge Larivière
Nacionalidad y año de producción: España, Francia, 2012
Duración: 84 min
Fecha de estreno:
05 / 12 / 2012.
Productora: Gaumont, TF1 Films Production
Guionista: Daniel Cohen
Fotografía. Robert Fraisse
Distribuidora: a contracorriente
Música: Nicola Piovani

El miércoles al cine. El Chef, la receta de la felicidad. Una deliciosa comedia que te deja bien. La actuación de Jean Reno es magistral, como no podía de ser de otra manera y la de su acompañante, Michaël Youn, tampoco se queda atrás. La trama es ligera pero al mismo tiempo es interesante: la relación entre profesor y alumno aventajado, la guerra entre la cocina tradicional y la molecular, los críticos gastronómicos, las estrellas Michelin y lo que hierve en los fogones. La cocina es arte y la gastronomía crea emociones, saber apreciarlas no está al alcance de todos. Como tantas cosas en la vida no es cuestión de dinero, sino de sensibilidad. Los franceses han sido los padres de la buena cocina, prueba de ello es que han hecho del caracol un manjar, eso ya da una idea de lo que son capaces de hacer.

El Chef, la receta de la felicidad expone en clave de comedia el afán francés de estar siempre a la cabeza de la buena cocina: ocupar un lugar en París y en el mundo. Aunque Francia ha tenido y presumido siempre de tener una cocina internacional, hay una mención especial a la cocina española que cuenta además con la intervención de Santiago Segura. No es una actuación estelar, Santiago está en su papel de siempre, con su estilismo de siempre. Debo recordar que es una coproducción franco-española.
Y en medio de la comedia está la seriedad subliminal a la hora realzar el arte de cocinar: el mundo de los sabores, de los olores, de los colores. Sentidos que todos los cocineros desarrollan al máximo para ejercer su profesión y regentar restaurantes inolvidables que crean emociones entorno al plato, que hacen de los sabores un placer y dejan en las recetas su historia.