jueves, 14 de febrero de 2013

MIÉRCOLES DE CINE

Por María Jesús Mayoral Roche



Género: Thriller .
Director: Ruben Fleischer
Intérpretes: Ambyr Childers, Emma Stone, Holt McCallany, James Hébert, Josh Brolin, Mick Betancourt, Nick Nolte, Ryan Goslin, Sean Penn y Wade Williams.
Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2013
Duración: 113 min.
Fecha de estreno: 08 / 02 / 2013.
Productora: Village Roadshaw Pictures, Lin Pictures, Langley Park Productions.
Guionista: Will Beall.
Fotografía. Dion Beebe.
Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.
Música: Steve Jablonsky.
El miércoles al cine. Gangster Squad. Es como los “L.A Confidencial” pero distinta, tiene un patrón similar pero el contenido es más ligero, menos rocambolesco; en este punto debemos recordar que “L.A Confidencial” en su día impactó en las salas de proyección, de hecho la podemos considerar ya como un clásico del siglo pasado. Por sistema soy de las que no se pierden una de gánsteres, me gusta el cine negro y pocas veces suele defraudarme este género; añadir que está todo inventado y quizá por eso sea poco exigente como espectadora. Puedo esgrimir otro motivo para ir a ver Gangster Squad: la actuación de Ryan Goslin, actor de moda que promete y del que tampoco me pierdo una. Me parece un hombre elegante; él mismo elige su propio vestuario para los rodajes de sus películas y reconozco que tiene buen gusto, es un actor camaleónico que sabe dar la talla en todos los planos. El pasado año pudimos comprobar su trabajo en dos películas bien diferentes: Drive y Los Idus de marzo.
Gangster Squad está basada en el libro de Paul Lieberman. Mickey Cohen –papel que encarna Sean Penn-  fue un boxeador norteamericano, judío por más señas, que tras tirar los guantes decide echarse a gánster peligroso, matón sin escrúpulos, con el firme propósito de hacerse con el control de los negocios sucios que proliferaban en Los Ángeles: prostitución, juego y droga. Ruben Fleischer rescata esta historia para  llevarla a la gran pantalla. Como norma general en las películas de gánsteres nunca faltan los clásicos personajes: la chica despampanante, el juez corrupto, los policías comprados y los policías incorruptos. Y precisamente son estos últimos los que forman una banda de lo más heterogénea -sin muchos medios pero con ingenio- para combatir al malvado y sanguinario Cohen. Gangster Squad no aporta nada nuevo al cine negro y su desarrollo de principio a fin entra todo dentro de lo previsible, sin demasiados sobresaltos quería decir; pero el elenco y la historia hacen que merezca pena ser vista. Me atrevería a decir que es un compendio de muchas películas, hay secuencias que recuerdan escenas estelares de otras que han hecho historia. Me ha encantado el insolente valor del policía incorrupto que se la juega diciendo: ¡Cubridme! Hacía tiempo que no oía en el cine policíaco ese ¡cubridme!

miércoles, 13 de febrero de 2013

POSTALES CON RECUERDOS     
Por María Jesús Mayoral Roche


La Matacía


Una amiga me ha pedido que rescate esta estampa, una historia que ya conté y que no está mal recordarla. La cuento a mi estilo, con las palabras que utilizamos aquí.

Días antes, la casa empezaba a oler a ajos, hinojo, pimentón, anisetes, avellanas, piñones y demás especias. Los instrumentos y útiles salían de sus polvorientos y entelarañados aposentos para ser fregados y refregados una y otra vez hasta sacarles el lustre, ese lustre primigenio que sólo el esparto natural sabe sacar: pucheros, terrizos, trébedes, caldera, espumadera, capoladora, envasadora de morcilla… Apilados por cocinas, cubiertos y graneros, esperaban su turno en el gran día de invierno. A mí, todos aquellos preparativos me ponían en un estado más nervioso del habitual, eso de matar al tocino suponía jaleo, entrar y salir a los corrales, estar en medio del zancocho; vamos, que me encantaba estorbar para ver y comprobar, para saciar mi curiosidad infantil. Pero claro, yo nunca había visto matar al tocino. Mis padres se negaban a que lo viera, porque consideraban que no tenía edad para presenciar la matacía.

Pero llegó el día en que mi padre decretó que ya podía asistir a la matanza del cerdo. Lo voy a contar, tal y como lo siento. A las cinco de la mañana, de noche oscuro, llegaron los matarifes armados con los ganchos y cuchillos, se dirigieron a la zolleta, y con alevosía y nocturnidad, engancharon al cerdo de las orejas y lo agarraron del rabo. Los gruñidos del animal eran estremecedores en el silencio y la oscuridad de la madrugada. Yo no perdía ripio de todo lo que estaba presenciando. Los matarifes con fuerza y destreza redujeron al animal hasta tumbarlo en la bacía, completamente estirado y en medio de convulsiones, uno de los matarifes clavó el gran cuchillo en la garganta del cerdo: la sangre comenzó a manar a chorro. Mientras, la mondonguera arrodillada sobre un gran terrizo, remangada hasta los codos recogía la sangre del animal dándole vueltas con brío y sin parar para que no se echara a perder. Yo, viendo aquella carnicería, me había quedado petrificada. Terminada la recogida de la sangre, le tendieron a la mujer un paño blanco e inmaculado para que se limpiara el brazo sanguinolento. Aquel brazo teñido de sangre, el tajo en la garganta del tocino y la agonía del animal hicieron que no volviera a presenciar una matanza.

domingo, 10 de febrero de 2013

 LOCURA QUE EL ESPÍRITU EXALTA Y DESFALLECE
Por María Jesús Mayoral Roche

            Me encargaron que diera respuesta a las "Cartas literarias a una mujer" de Bécquer, ésta es una de ellas. Un poco de romanticismo no nos vendrá mal.
Isla de Vulcano frente a Lipari

            ¿Qué es el amor? Te pregunté. ¡Definiciones! Sobre nada se han dado tantas definiciones como sobre las cosas indefinibles. La razón es muy sencilla. Ninguna de ellas satisface, ninguna es exacta, por lo que cada cual se cree con derecho para formular la suya. Eso me respondiste, pero yo quería tu respuesta. No sé, te noté algo enojado.
            Me recordaste en tu carta una escena que ambos habíamos vivido y disfrutado con la intensidad que merecía el momento: la salida del sol en la lontananza del mar. Yo me adelanté, una vez más, a tus pensamientos y te cerqué con una nueva pregunta. ¿Qué es el sol? Tú lo señalaste con el dedo y me dijiste: Eso.
            Lo cierto es que no era el momento ni el lugar para definiciones, sino para sentirlo en el silencio de la naturaleza y el alma, de nuestras almas. Ese disco que encendía el horizonte, como el fuego cuando prende en la yesca, inundó nuestras miradas de una luz inusitada, que no era otra que el propio reflejo de nuestro interior.
            Eras, por sistema, enemigo de definiciones; esas definiciones que siempre se ha planteado la humanidad y nunca ha sabido dar detalle cabal de las mismas, porque tanto su esencia como los sentidos cuando se despiertan y desatan se resisten a ser contenidos en un recipiente.
            ¿Cómo definir lo que impulsa el mundo? Resulta imposible definir lo que sólo el corazón puede sentir. ¿Qué es el amor?
            Sí, hice lo que me recomendaste: Recógete dentro de ti misma y si es verdad que lo abrigas en tu alma, siéntelo y lo comprenderás, pero no me lo preguntes.
            Sí, lo sentí. Lo sentí creciendo en mi interior como la savia primaveral que renace en un álamo temblón, dejándome tan renovada como transida de un encantamiento que hasta entonces jamás había sentido ni conocido. Todo lo que no se puede definir hay que sentirlo en sí mismo. Y es ese ensimismamiento el que te hace comprender la esencia de lo indefinible, que por naturaleza suele ser invisible.
            Y es ahora desde la esencia de mágicos lugares donde mis sentidos adormecidos parecen recobrarse. Envuelta en el pétreo misterio de este claustro de Veruela, acariciando las señales de los canteros, confundida entre las ojivas festoneadas con trébol; escucho tu paso quedo al son de tus versos más puros. Y puedo escuchar tu voz recitando tus propios versos:          
                                      ¡Tú sombra aérea, que cuantas veces
                                   voy a tocarte, te desvaneces
                                   como la llama, como el sonido,
                                   como la niebla, como el gemido
                                                           del lago azul! 

            Y esta piedra secular, que retiene y guarda tus pensamientos, me hace vibrar entre el eco de tu voz y tus pensamientos. Y veo tu sombra salir de la leñera, y te contemplo como un copista más entre los monjes cuando tu imaginación más arrebatada te mostraba aquel séquito de hábitos blancos en sus faenas cotidianas. Y yo... queriendo saber tanto de ti, permanecía ajena a tu mundo. Por fin estoy en ese lugar, regalo espiritual que te ofreció la vida, para que rescataras en él tus más gratas y viejas sensaciones olvidadas. Veruela... Si la historia pudiera hablar... Si las piedras desataran la esencia que guardan... Soñar. Ya te confesé que los sueños no me hicieron partícipe de su magia. Quizá había que vivir en la paz de un monasterio, sentir como ahora siento. Al fin, amor, ahora siento como lo hacías tú.
            No, no supe entenderte. Leyendo tus cartas, me resigné a aceptar que la poesía había sido hecha por vosotros, los poetas, para gozo y comprensión de nosotras, las mujeres.
            Poesía es y no otra cosa esa aspiración melancólica y vaga que agita tu espíritu con el deseo de una perfección imposible. Eso me afirmaste con rotundidad en tu última carta. Quizá sea el deseo frustrado de una perfección imposible, pero en cualquier caso, sublime. ¿Te imaginas algo perfecto? NI siquiera los dioses fueron perfectos. Dicen... que la perfección está reñida con la belleza. Yo también lo creo así.
            ¡Qué hermosas fueron tus palabras respecto al nacimiento de la poesía! No, no arrojé tu carta. No, no fruncí el ceño. Más bien la leí y la releí hasta aprenderla de memoria, con el fin de guardarla en mi alma, pensando que así podría retener un jirón de la tuya. ¡Qué ingenuidad la mía! Tal era mi obsesión y mi amor por ti, que me parecía poder hacer lo imposible, lo que nadie había conseguido hacer me figuraba que yo podría lograrlo sin demasiadas dificultades. Conquistar lo imposible siempre ha sido el ideal de los amantes.
            El amor... ¿Quién puede decir lo qué es? ¿Quién tiene la suficiente autoridad para definirlo? Quien lo defina debería saber lo que es, sentirlo, vivirlo. Pero cómo confiar la definición a alguien que tal vez piense que lo ha sentido sin verdaderamente haberlo vivido en plenitud. Esa es mi duda, amor, y por eso quería saber tu opinión de poeta, de amante. ¡Cuántos creen amar sin saber realmente lo que es!
            Debo decir que tu respuesta, más que una respuesta, fue la visión recobrada, algo que había perdido o que quizá nunca llegué a tener pensando que lo tenía. Que nos pregunten a nosotros, los que hemos amado, ¿qué es el amor? Que nos pregunten a los que ardimos en la llama de una pasión no consumada, que nos pregunten a los que todavía vagamos por hermosos lugares creyendo en la transmigración de las almas, con la esperanza de que tal vez así encontremos lo que perdimos en vida.

jueves, 7 de febrero de 2013

MIÉRCOLES DE CINE

Por María Jesús Mayoral Roche




Género: Biográfica .
Director: Sacha Gervasi
Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2012
Duración: 98 min.
Fecha de estreno: 01 / 02 / 2013.
Productora: Fox Searchlight Pictures, Cold Spring Pictures, Montecito Picture Company.
Guionista: John J. McLaughlin.
Fotografía. Jeff Cronenweth.
Distribuidora: Hispano Fox Films.
Música: Danny Elfman.

 El miércoles al cine. Hitchcock. Una película para pasar un rato agradable que no aporta mucho más de lo que ya se sabe sobre el mago del suspense. De hecho es conocida de sobra su excentricidad, su ironía y las extrañas relaciones que entablaba con sus primeras actrices.

La película de Sacha Gervasi nos desvela la relación que mantuvieron Alfred Hitchcock y su esposa Alma durante la gestación y el rodaje de uno de sus filmes más emblemáticos: Psicosis.  Convivir con un genio no debe ser tarea fácil, de hecho estos creadores suelen ponerse insoportables cuando deciden poner en marcha una de sus brillantes ideas. La película nos muestra un Hitchcock con la clásica paranoia del que se ve atrapado por el protagonista de su película, en este caso un asesino. Y ese estado de ansia y empeño en sacar una película adelante -por la que nadie apostaba un dólar- Hitchcock  lo saciaba frente a la nevera a base de paté o bebiendo a escondidas. Y si convivir con un genio es difícil, trabajar a sus órdenes no lo es menos. Alfred las prefería rubias y me atrevería a decir, que frágiles. Extrañamente más que tener una relación con sus actrices, el director padecía extrañas fantasías platónicas. Si a esto añadimos que su matrimonio en el período previo al rodaje de Psicosis no pasaba por su mejor momento, el resultado para un genio sin estabilidad emocional es el fracaso. Pero de todos es conocido que Psicosis fue un éxito, y esto es precisamente el secreto que nos desvela el film de Sacha Gervasi.
Lo mejor de la película es el elenco de la misma. Anthony Hopkins se mete en la piel del mago del suspense magistralmente, dando una lección de interpretación. Tampoco se queda atrás Helen Mirren en el papel de Alma, esposa del genio. Scarlett Johansson se representa a sí misma: una actriz rubia que lo hace bien.