lunes, 3 de octubre de 2016



En la Trasnochada
María Jesús Mayoral Roche

Villamayor de Gállego 3 de octubre de 2016



Maleducados y humillados

Tardé tiempo en darme cuenta de que mi educación inicial siempre estuvo más cercana a la Stoa  que a la instrucción de la época. Mi padre, obsesionado con la idea de que yo no fuese una ñoña consentida por aquello de ser hija única, quiso hacerme dura desde mi tierna infancia. Yo de pequeña era inquieta de natural y no paraba un momento, vamos, que conmigo no se podía despistar porque las hacía muy gordas y en silencio. Todavía recuerdo el tono imperativo de mi padre cuando salía lanzada corriendo y me pegaba el batacazo: ¡María Jesús, levántate y no llores! Yo me levantaba a duras penas, me temblaba la barbilla, retenía las lágrimas, miraba a mi padre y él me premiaba con una tímida sonrisa. Esa sonrisa venía a decir, así me gusta.
Muchos años después, leyendo a Séneca a la escasa sombra del níspero de mi jardín, una emoción inexplicable se apoderó de mí. Irremediablemente me hice seguidora del estoicismo, la doctrina estoica caló en mí, me impregné de ella y la tomé como filosofía de vida; desde su teoría de la felicidad hasta su lema “soporta y renuncia”. Años después conocí en Madrid a Elena, una señora de la misma edad de mi padre con la que trabé amistad. Ella adivinó en nuestra primera conversación que yo era senequista y me confesó que ella también lo era. Le hice saber que estaba interesada en la filosofía de Séneca y me prestó un libro precioso que contenía las obras completas del filósofo cordobés. Libro que me regaló cuando me despedí de ella al trasladarme a Zaragoza.
Con este lema “soporta y renuncia” es comprensible por qué inconscientemente mi educación había sido estoica, sin darme cuenta mi padre me había iniciado en ella. Cuando me ponía pesadita porque quería jugar, me aburría, tenía sed, quería una cosa con insistencia… Mi padre me decía: te aguantas. Y para solidarizarse conmigo apostillaba: yo también me aburro y me aguanto.
El “soporta y renuncia” como lema de vida te alivia de la presión de vital, eso es algo indudable. Pero el “soporta y renuncia” llevado al límite te puede colocar en el umbral de la humillación sin darte cuenta y esto hay tratarlo con detenimiento. Si te azuzan constantemente y te aguantas, probablemente te van a seguir azuzando más y además no se cansarán de hacerlo. Vivimos en sociedad y no nos podemos retirar de ella, abandonar. Si te machacan en el trabajo no nos podemos despedir de él y soportar el acoso no es fácil, por poner un claro ejemplo. Quien dice trabajo, dice colegios, círculos de amigos, familia… Abandonar o cambiar en algunos casos es una solución, pero no siempre se puede hacer o está a nuestro alcance hacerlo.
Vivimos en unos tiempos convulsos, donde cada uno quiere hacer o imponer su santa voluntad por el placer de hacerlo sin tener en cuenta a los demás y si hay que saltar la barrera, rebasar los límites, pues sin problema, el caso es salirse con la suya; este comportamiento está dando lugar al crecimiento de seres inadaptados y la mala educación se está enraizando como la cizaña. En mi último viaje a Palermo, hace escasamente un par de semanas, me encontré en la puerta de la Iglesia de los Teatini, el cartel de la foto adjunta. Cartel que da un toque de atención sobre las normas de comportamiento básico en una iglesia católica. Viene a decir más o menos lo siguiente: Dios no habla al móvil así que podéis apagar el vuestro, no entréis en la iglesia medio desnudos como si fueseis a la playa, la iglesia no es una plaza donde se come y se bebe, prohibido hablar y sacar fotos paseando por las capillas durante las celebraciones, la iglesia es un lugar de culto entrad con el debido respeto… En fin, hace cuarenta años todos sabían comportarse en una iglesia. ¿Qué ha pasado?
Siempre que voy a Monreale me acontece algo especial, es emocionante coger el autobús de Palermo a Monreale, es como vivir un film del Comisario Montalbano. A la salida del Duomo me dirigí a coger el autobús de regreso a Palermo, como estaba lleno, me pegué a la cabina del conductor, no tenía dónde elegir. Un grupo hablando en alemán ocupaba la parte delantera y estaban esperando a algún despistado que no iba a llegar a tiempo para cogerlo. No entiendo el alemán pero se sobreentendía. Lo cierto es que esa gente no tenía pinta de ser alemana, pero claro, los de la zona de Baviera no dan el perfil del alemán tradicional. Al final, llegaron dos mujeres gritando con los billetes en mano, contando en voz alta al grupo y preguntando quién faltaba. Arrancó el autobús y seguían las dos mujeres hablando en alemán animadamente y arrinconándome cada vez más, reduciéndome hasta el extremo de no saber dónde meter los pies. Ellas tenían espacio pero invadían el mío, hasta el punto de pisarme repetidamente y no mirarme siquiera a la cara, por supuesto no se excusaron. Yo las miraba con cara de me estáis pisando y ellas no se daban por aludidas, las tenía encima pero me ignoraban por completo; yo estaba contra las cuerdas y ellas me pisaban con unas deportivas tipo bota los dedos que dejaban al descubierto mis sandalias. Empecé a preguntarme, en medio de aquellas mujeres que hablaban a gritos en alemán y haciendo preguntas al resto del grupo como si el autobús fuese de ellos; si la escena era surrealista o me lo parecía, porque el nivel de mala educación con mala leche iba ya para nota. De pronto, una de ellas le preguntó en perfecto italiano si el autobús continuaba hasta a Piazza Politema o terminaba en Piazza Independenza. La pregunta la hizo sin favor y sin dar las gracias. El conductor le contestó escuetamente y de mala gana. Ellas continuaron a lo suyo esta vez hablando en italiano y pasando a continuación al alemán, siguieron pisándome e ignorándome por completo; no, no me lo parecía, me estaban pisando adrede. Recapitulé la situación rápidamente y caí en la cuenta de que aquella gente no era alemana, ese grupo era de Bolzano: territorio independentista que no quiere ser italiano y que prefieren hablar en alemán antes que en italiano, gente que se hace notar y marcar la diferencia norte-sur. El día anterior en el hotel, que es como mi casa en Palermo, me dijeron que yo parecía más siciliana que turista; lo decían por mis rasgos y porque no llevo plano ni guías. Viéndome asediada en el autobús por esas dos mujeres que me pisaban reiteradamente y que me arrinconaban, pensé que me estaban tomando por una siciliana y no una extranjera. Entendí entonces que aquellos pisotones, esa forma de ningunearme, ignorarme eran una provocación en toda regla y que no iban a cesar de hacerlo a lo largo del trayecto, la cosa empeoraba; iban posicionándose, esperaban que saltara verbalmente, que explotara contra ellas. Y es que los sicilianos son de sangre caliente.
Aquella situación, lejos de de cabrearme empezaba a divertirme, me toman por una siciliana de sangre caliente. Tengo una regla de oro cuando paso a la ofensiva: hay que combatir al enemigo empleando sus mismas armas, por supuesto, corregidas y aumentadas. Yo estaba en minoría respecto a ellas y peor calzada, unas sandalias ligeras comparándolas con sus deportivas abotinadas. En ese mismo instante me di una orden mental: vas a pisar con ganas a la mujer de tu izquierda, le vas pisar en el empeine y vas a hacer lo mismo que hace ella, ignorarla. En medio de la comicidad de la situación, seguí diciéndome a mí misma: ella no se va a volver contra ti porque lo vas a hacer con valor y ella se va a acobardar, ¡hazlo! Y a continuación lo hice, vaya que si lo hice; levanté el pie y lo posé con ganas en su empeine revestida de serenidad, así, como cambiando de posición. Ella me lanzó una mirada de reojo con extrañeza y a continuación se separó de mí sin decir palabra. Minutos después me volvió a pisar la otra, la de mi derecha, dándome de lleno en los dedos y yo le busque la mirada como diciéndole: ¡ya vale, me he dado cuenta! Ella no pidió excusas, bajó la cabeza y se dio media vuelta. Cuando el autobús llegó al final del trayecto, yo me posicioné para bajar y la que tenía a mi derecha se apartó y me cedió el paso.
Al llegar al hotel le conté a la recepcionista lo ocurrido, hace años que me conoce, se quedó de piedra al oír lo que me había sucedido en el autobús y mi reacción. La muchacha no me creía capaz de hacer algo así, pues sí, sí, lo he hecho. Estoy harta, harta de gente maleducada, sin modos, zafia; pero esto puedo soportarlo estoicamente, lo que no soporto es la humillación. Que aquellas mujeres me pisaran deliberadamente está mal; pero ese intento de provocación pensando que yo era siciliana, eso iba ya para nota: humillar a los del sur pisoteando y hablando en alemán. ¡Qué gente!  
Los buenos modos y la educación es lo último que se pierde en la vida; pero la humillación no se puede consentir, de ningún modo, sentirse ofendido no es bueno para la salud. ¿Hasta dónde vamos a llegar? Probablemente esas dos mujeres iban buscando que yo me volviera contra ellas verbalmente y creo que hubiese sido mucho peor, porque en ese caso yo les hubiese dicho en perfecto italiano: Me estáis pisando repetidamente sin pedir excusas, si os sirve no soy siciliana sino española, agradezco vuestros exquisitos modales alemanes.
Cierto es que esta hazaña tiene su comicidad, pero no, no me felicito por lo que hice, porque esta situación es más propia de animales que de personas: delimitar el territorio por la fuerza. Darme fuerza mental para dar un pisotón en condiciones, deliberadamente, me costó lo mío, tuve que esforzarme. Me dio valor, debo confesarlo, ver a aquella mujer en todo su esplendor de prepotencia, dando voces como si el autobús fuese suyo, tratando al conductor como un lacayo, pisándome a mí como si no fuera una persona… Lo peor de todo esto, desgraciadamente, es que cuando te vuelves de la misma manera en la que te atacan, entonces es cuando te respetan. ¡Qué triste! Y me parece triste porque al final los que respetamos las reglas vamos a tener que ir contra nuestros principios para que no nos humillen. La mala educación, los malos modos, no deja de de ser una forma de humillar al contrario, de aplastar.

martes, 13 de septiembre de 2016



CRÓNICA CARROÑERA
Por Azulenca


Foto hecha en la Plaza de San Marcos (Venecia)
         Soria canario no se ha caído de un banano, más bien de un guindo o de De Guindos. El ex-ministro Soria se iba a tomar un año sabático, eso dijo cuando le preguntaron sobre su futuro. Yo, en una de mis crónicas anteriores, predije que Soria estaba a la espera de que le cayera algo y no precisamente un plátano o una guinda; sino un cargazo a ser posible internacional y con pasta. Me preocupaba a mí el futuro de Soria, llevo todo el verano dándole vueltas a la cabeza, a éste dónde lo colocarán. ¿Un año sabático... Soria canario...?Está claro que la impaciencia no es buena y que lejos de una colocación de campanillas, más bien parece que le hayan aplicado los suyos al pobre Soria canario, una especie de ley fuga. Creo que le hubiese sentado mejor ese año sabático y pasado un tiempo, escoger un buen cargo pero discreto. ¡Lo han hecho a lo vivo y toma! Pero bueno, yo vaticino que después de este descalabro bananero o guindero, Soria acabará en algo relacionado con el "cableao": bien telefónico o eléctrico. Tengo claro que Soria tendrá su puesto y será un cargazo: cuestión de tiempo, de enchufes y alargaderas... Y si no es en el Banco Mundial, sin problema, lo colocarán en el universal o el cósmico sideral. Y es que todos estos pobres chicos necesitan más, por supuesto, proporcional a su ringorrango. Estafar, defraudar y mentir es ya cosa de políticos y cuanto mayor es el estrago mejor se les premia el retiro de la política. Y es que ser rico y llevar el hambre por alimento...
         De Guindos... A éste me lo imagino con boina de pirulo, estoy segura de que la luciría con clase y de paso le taparía la sesera, se le daría bien  eso de calársela hasta las cejas. Yo lo definiría como el clásico paleto que habla inglés y luce corbatas caras. ¿Qué colonia usará? ¿Heno de Pravia? Y no dudo de que este Ministro en Funciones será rico de familia y habrá recibido una educación esmeradísima y todas esas cosas; pero yo lo veo... En fin, que le pega más el tractor que el Mercedes. Y es que así viéndolo por fuera... Mejor no sigo, porque si interiorizo... será peor. Con esta calificación de paleto y tractor no quiero faltar a nadie, pues los hay rústicos con mucha clase y mayor talento, faltaría más. Cuando De Guindos deje el cargo, que lo contraten los de AGROSEGURO: el Ministro en Funciones subido a una cosechadora sería un reclamo publicitario de primera.
         Otro digno de disección es Pablo, Iglesias por parte de padre. No entiendo que en el Congreso les den una tablet y él vaya con libreta en mano, vamos, que le falta un lapicero en la oreja y preguntar ¿qué le pongo, cuarto o mitad? Este chico me recuerda a los antiguos dependientes de ultramarinos o empleado de almacén, eso sí, actualizado o reinventado: con coleta.
         Los papeles se están invirtiendo a marchas forzadas: las actrices apuestan por una moda sin maquillaje y los hombres se acicalan más que una mujer. Así las cosas, Don Quijote de la Mancha pasaría a ser Lola de la Mancha y Sancho Panza, se quedaría en Sor Aya Barriguitas. Estas dos elementas, antagonistas como Dios manda, que para eso son mujeres y políticas: no podría ser de otra manera. Estas dos monadas mandadas de Mariano o más bien de Maria-NO, de Rajoy, pues van sueltas por ahí haciendo de las suyas. Quiero ver el final de estas dos que parten y reparten... Y además componen...
         A Mariano Rajoy o Maria-NO, todos le dicen no. No están bien esos desplantes que le hace Pedro a Mariano. Pedro Sánchez siempre dice no y todo apunta  a elecciones por Navidad, y entonces qué hará Pedro... A este paso un buen eslogan para la campaña electoral de Mariano sería el del turrón El Almendro, aquello de vuelve a casa por Navidad. Porque está claro que Mariano ni se va ni se va a ir, ni se espera que se vaya: al menos por ahora.
         Y luego hay otra cosa que me preocupa: el papel. Yo en mi trabajo soy la que gestiona el consumo de papel y me preocupa; no voy a hablar de este problema que me lleva de calle, pero lo cierto es que me da qué pensar. Había en mi pueblo un cráneo privilegiado que decía: el papel lo soporta todo. Lo decía cuando no encontraba argumentos o le faltaban cifras. Y ahora, con el tiempo, me veo en la obligación de darle la razón. El papel lo soporta todo, desde las pérdidas de orina hasta las de memoria: la celulosa puede con todo, lo absorbe todo. Y es que me parece increíble que para la cantidad de sandeces que se dicen hoy en día, para esos discursos raquíticos y sin contenido de nuestros políticos, que para dar dos datos los periodistas y hasta los representantes del Poder Judicial, labia se les supone, necesiten no ya un papel sino un fardo. Si todos estos profesionales en edad de plenitud laboral necesitan papel... Pero no, no es eso, no están en plenitud porque si lo estuvieran no necesitarían papel, irían sobrados de todo y como lejos de ir sobrados van faltos, pues así vamos... y así nos va. Cuando hay cabeza no es necesario el papel.
         El Congreso, ya lo he dicho en crónicas anteriores parece el interpeñas y lo peor es que se están riendo de los españoles: llevan sus Señorías un año sin trabajar y encima se han ido de vacaciones. Yo propongo aplicarles un ERE, sería lo justo. ¿O no?

domingo, 7 de agosto de 2016

En la Trasnochada

 María Jesús Mayoral Roche


En Villamayor de Gállego, 7 de agosto de 2016

LOBO, nombre de persona




¡Paco! No vayas por ahí.
Paco se volvió al oír su nombre y continuó andando, no sin mosqueo.
¡Paco, sal de ahí!
 Paco se volvió de nuevo y sacudió la cabeza como diciendo, esta señora le podría haber puesto otro nombre a su perro. Paco nombre de perro. ¿Y qué tal la elección de Lobo como nombre de persona, ser humano?
Esta ha sido la noticia del telediario en la última semana: finalmente, pese a la oposición en el Registro, el niño se llamará Lobo. Claro que peor hubiese sido llamarlo Mochuelo, Burro, Mulo... Estamos viviendo al revés: los animales son más importantes que las personas, de hecho se recogen más animales abandonados que personas. Claro que esto de poner nombre a un hijo es algo muy especial en estos tiempos, en tiempos de mis padres se seguía la norma: el primogénito llevaba el nombre del padre o de la madre, dependiendo del sexo. Otra opción era poner el nombre del santo del día y los más modernos ponían nombres de los personajes de moda de la época o del cine, siempre y cuando lo admitiera la Santa Madre Iglesia. Por ejemplo, mi padre nació el día de Nochebuena, por tanto se llama Jesús y por consiguiente, la que firma este artículo María Jesús. Ahora no, ahora hay que ser original, otro ejemplo, un conocido futbolista puso a su hijo Milán porque fue concebido allí. Volviendo a Lobo, finalmente este padre tan original queriendo llamar Lobo a su hijo ha ganado la batalla, apostilló que su hijo el día de mañana se sentirá orgulloso de él  por la lucha legal que había ganado para que él pudiera llevar el nombre de Lobo. Lo peor de todo es que este tema sea noticia en el telediario de sobremesa, en mi opinión no deja de ser una tontería, pero sí me hizo pensar en escribir esta trasnochada por aquello de imponer nombres de animales a personas y viceversa.
         Reconozco que soy más del reino vegetal y mineral que del animal. Me gustan los animales en su hábitat natural o en el rústico, con la mentalidad de que el animal tiene su cometido: perro ovejero, perro guardián, el gato caza ratones... Nunca he tenido mascota y los animales me gustan fuera de casa, eso de tener un perro o un gato danzando por las habitaciones... Sin embargo confieso que me emocionan las golondrinas por las mañanas cuando las veo posadas en el cable de mi casa, cierro la puerta y alzan el vuelo, a veces me siguen hasta el cable siguiente. Como dirían los metafísicos, eso es señal de que estoy en sintonía. En mi paseo matinal camino del autobús, echo una mirada al "campanal" (la torre de la iglesia) y si veo a la cigüeña en plan contemplativo o crotorando, me digo: ¡bonita figura! Y lo más de lo más, es cuando el halcón se abate por la Calle Carneceria (en Villamayor es así el nombre) ahuyentando a las palomas, que despavoridas se estrellan contra los aleros y tejados de los palacetes. ¡Me encanta! Me encantan estas escenas matinales. Esto lo vivo diariamente en Villamayor de Gállego.

  Ahora viene otra escena, mi trayecto zaragozano al trabajo: Plaza los Sitios. Desde que los perros pueden ir sueltos a ciertas horas, el petirrojo ha desaparecido: años atrás me encontraba con alguno marcando territorio. Lo que más adorna esta Plaza es el excremento de las cotorras, en ciertas épocas del año cubren  por completo los bancos, imposible sentarse. Y el colmo ha sido la colonia de patos que solía frecuentar la puerta de la antigua Escuela de Artes. Digo frecuentaban, porque desde que la Plaza está en obras por la construcción de un parking el panorama zoológico ha cambiado; ahora con el ruido, el polvo y la tala de algunos árboles han desaparecido. Esto que cuento es a título de comparación entre lo rural y lo urbano. Por supuesto las escenas más naturales son las de mi pueblo, ni que decir tiene. Porque lo de las cotorras y los patos es antinatural. ¿Dónde se ha visto?

  Todo esto me hace pensar en el sin sentido que se está viviendo en estos tiempos, ese amor desmedido a los animales y ese abandono a las personas nos puede dar una idea de la inteligencia emocional de la que goza el personal. Puestos a sacar las cosas de quicio, me voy a apuntar a hacerlo. Una mascota en un piso es un animal secuestrado, privado de libertad, sin más cometido que ser un juguete para su dueño, más, que dependiendo del animal o la raza es tendente a la violencia o a las depresiones. Y cuando los quieren introducir en espacios públicos pueden causar alegias a las personas, además de ser portadoes de virus virus. Puestos ya a sacar las cosas de quicio...