martes, 17 de septiembre de 2013


POSTALES CON RECUERDOS
Por María Jesús Mayoral Roche
 

CATANIA

 
Con el clásico calor sofocante del mes de julio me fui de viaje. El avión iniciaba su descenso y en cuanto vi el negro resplandor del Etna extendiendo su manto sobre los dorados rastrojos de la tierra siciliana, supuse que el aterrizaje en Catania iba a ser inmediato. Ya instalada en la coqueta habitación de un hotel que en otro tiempo fue palacio, abrí los batientes del balcón para presenciar la caída de los rayos de sol sobre los tejados de la ciudad. Sin imaginarlo, me encontré como telón de fondo con la oscura silueta del volcán coronado con una tenue nubecilla que, revestido de la luz magenta del atardecer, parecía erigirse como un anciano rey que guarda el fuego. Era el día del Carmen, entrada ya la noche, algunos de los pueblos asentados en la ladera del volcán celebraban su festividad con fuegos artificiales, salpicando su inmensa oscuridad lávica con tímidos destellos de colores. Un espectáculo natural de estas características no se ve todos los días y consciente de ello, lo bendije sintiéndolo como un privilegio que me ofrecía la vida.
En estos momentos me conformo con rescatar mis tardes en la plaza del Duomo de Catania -consagrado por supuesto a Santa Ágata-, un espectáculo algo más cotidiano. Frente a su fachada, uno elige asiento en la terraza de la cafetería que hay junto O Liotru (Fuente del Elefante), pide una granità alla mandorla con gelsi (granizada de almendra y moras) y se queda expectante. Déjale hacer el resto a tus ojos.

3 comentarios:

  1. Placido paisaje por el que discurren mis ojos linea tras linea.
    Me acostaré y Catania se dormirá conmigo en mi pensamiento.
    Gracias M. Jesús.

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  2. Como se nota que disfrutas de tus viajes y nos haces disfrutar contigo.Esta postal transmite paz, me encanta.Un saludo de tu fiel seguidora.

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    1. Gracias, por no perderte una de mis entradas.

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